Lector que entras por primera vez, no te dejes llamar a engaño. Esto no es una recopilación de relatos con un punto en común, aunque pueda parecerlo. Es una historia por capítulos, que debe leerse siguiendo un orden lógico para captar el sentido de lo narrado, aunque cada capítulo por sí solo sea un pequeño relato en sí; pero no es ese su cometido, de modo que si te conformas con leer lo último publicado y pasas por alto todo lo anterior, es como si abrieras un libro por el medio y leyeras unas pocas páginas, conformándote con eso.
Si de verdad disfrutas leyendo, tómate tu tiempo, empieza por el principio y continúa poco a poco.
Bienvenido a este viaje por la tierra de los sueños...

31 de marzo de 2009

II Si persigues un sueño con todas tus fuerzas, al final lo atraparás


En el silencio de la casa sumida en las sombras de la noche no se oía nada excepto el leve tictac del reloj del pasillo y los ronquidos que salían de una de las habitaciones. Al fondo una puerta se abrió dejando escapar en un hilo la tenue luz de una lamparita de noche. Una niña de unos siete años vestida con un largo camisón rosa con la imagen de una princesa se dirigió descalza por el largo corredor hacia la cocina; la había despertado una sed acuciante y el vaso que cada noche dejaba su madre con agua en la mesilla estaba vacío. Su oscuro cabello caía enredado por su espalda, con la trenza medio deshecha de tantas vueltas dadas en la cama en busca del sueño que siempre tardaba en llegar. Sus ojos claros entrecerrados por el sueño y sus pestañas pegajosas y enredadas no facilitaban la visibilidad, pero la niña conocía el camino como la palma de su mano; no era la primera vez que recorría la casa a oscuras, ni seguramente sería la última. Su madre no sospechaba que el vaso de agua ritual de cada noche era sólo el primero de muchos, e incluso presumía ufana de haber logrado controlar las idas y venidas nocturnas de su hija por la casa gracias a la disciplina y al poder de la persuasión, cuando la realidad era que la niña había aprendido el arte del sigilo, gracias al cual hacía y deshacía a su antojo sin que sus padres se despertaran.
Esa noche la luna llena frente a la ventana de la cocina iluminaba la estancia con una intensa luz azulada, llenándola de sombras en cada rincón. Mientras dejaba correr un fino hilo para que llegara el agua más fresca de las cañerías, miraba sin ver el reflejo de la luna sobre el cromado de la nevera, con la mente perdida en ensoñaciones y pensamientos vagos. Por fin llenó el vaso con el agua fresca, se giró para apoyarse en el borde del fregadero y al levantar el brazo, vió moverse algo a su izquierda, sobresaltándola. Con el susto derramó casi todo el contenido del vaso, salpicando los muebles y el suelo. El corazón le latía tan deprisa que parecía ir a escapársele del pecho, y a pesar de quedarse inmóvil el rugido de sus oídos producido por la descarga de adrenalina le hizo temer que despertasen sus padres, con las consecuencias que acarrearía no solo estar levantada a esas horas, sino además haber armado un estropicio en la cocina. Pasado un momento se tranquilizó al comprobar que nadie se había levantado y todo seguía tan silencioso como antes del incidente, así que encendió la luz del extractor de humos y cogió la bayeta con la intención de dejarlo todo como estaba, pero al agacharse para secar el suelo se percató de que había algo sobre las baldosas. En un primer momento pensó que era un pajarillo, que tal vez se quedó encerrado al cerrar las ventanas y al verse atrapado empezó a revolotear, asustándola. Pero un examen más concienzudo la sacó de su error. Ningún pájaro de los que ella había visto tenía esos colores tan brillantes y extraños, ni sus alas estaban formadas por esas plumas casi transparentes y tan finas que parecían estar hechas con tela de araña. Con mucho cuidado, cogió entre sus manos al extraño animalillo y lo puso bajo la luz. Estaba empapado y parecía inconsciente, pero vivía, y percibió en sus manos el rápido latido de su corazoncito. Sacó de un cajón un paño limpio, lo dejó doblado sobre la encimera como si fuera un diminuto colchón y colocó sobre él al extraño ser, para a continuación estudiarlo con detenimiento. Era muy pequeño, del tamaño de su mano, y por primera vez se dio cuenta de que ¡llevaba ropa! Unos diminutos pantaloncitos y una camisola de aspecto vegetal acompañaban unos minúsculos zapatos tallados en algo que parecía corcho. Y su cuerpo era humano, sin duda, a pesar de su reducido tamaño y de las extrañas alas que brotaban de sus hombros. Su piel era de un tono ambarino parecido al de la miel y el cabello, a pesar de estar mojado, saltaba a la vista que era de un dorado muy brillante. Sus ropas debían estar confeccionadas con algún material desconocido para ella, pues además de tener unos colores muy vistosos parecían tener vida propia, ondulando y cambiando de aspecto ante sus ojos a cada instante. A pesar del asombroso descubrimiento no pudo ahogar un bostezo y notaba que le pesaban los párpados, pero no quería arriesgarse a que su nuevo amiguito se escapara durante la noche, así que tras pensar un rato se dirigió al trastero, sacó una caja de zapatos desocupada y metió en su interior el paño con su valioso contenido. Una vez de regreso a su dormitorio cayó en la cuenta de que posiblemente su madre se sintiera intrigada por el contenido de esa caja que no debería estar allí, de manera que ni corta ni perezosa la guardó al fondo de su armario, bajo un montón de libros, cuadernos y juguetes viejos, volvió a la cocina y limpió todo rastro del accidente tras lo cual se acostó con una sensación de inmensa satisfacción provocada por su nueva posesión, cayendo al instante en un profundo descanso, sin sueños.

2 comentarios:

  1. un visitante algo extraño, o quizás habituale en la casa,una niña inquieta e inteligente, y con un sueño muy ligero, me ha hecho recordar a mi hijo y sus paseos hasta el servicio, que eran un suplicio hasta que aprendio a hacerlo solo, y perdio ese miedo que acompaña en los primeros años de vida, pero como buena mujer esta es picara, sobrevivira el duende a esa carcel de carton, o morira aplastado por las cosas que le ha puesto encima para camuflar su presencia... uys me dan gana de leerme del tiron los otros dos relatos pero voy a ser buena

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